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El clan de los Bin
Laden es el más poderoso de Arabia Saudita después del propio rey y controla
uno de los imperios económicos más grandes del mundo islámico. El ahora
"objetivo número uno" del aparato militar estadounidense, Osama bin
Laden, es el número 17 de los 52 hijos del jeque Salem bin Laden, un hombre
influyente —murió en 1988 en un accidente aéreo en Texas y que algunas
fuentes aseguran que fue víctima de un atentado relacionado con el escándalo
Irangate— que había logrado consolidar las empresas constructoras que había
heredado de su padre. Cincuenta y un hijos de Salem siguieron su mandato y se
convirtieron en empresarios que apuntalaron el conglomerado. Uno solo se
rebeló. Fue Osama, que por razones religiosas, dejó los negocios para liderar
la revolución islámica.
La reconstrucción de los pasos de esta familia, que se maneja con los códigos
secretos tradicionales entre los monarcas árabes, está basada en el relato de
fuentes de inteligencia estadounidenses y europeas, un informe especial de la
PBS, la televisión pública de EE.UU., y una investigación de dos periodistas
de The New York Times que siguen el caso desde hace ocho años.
Mohammed Awad bin Laden llegó al reino árabe en los años treinta desde su
pueblo natal de Hadramout, en Yemen del Sur. En pocos años se convirtió en el
principal constructor del puerto de Jiddah y entabló buenas relaciones con
algunos miembros de la familia real. Hacia finales de los cuarenta tomó una
jugada muy arriesgada. Cuando el rey Saud decidió levantar un nuevo palacio,
Mohammed se ofreció a construirlo por la mitad del precio que le habían
pasado todos los constructores internacionales. Logró levantar un magnífico
palacio en Riyad y se ganó la confianza de toda la familia real. La
recompensa fue un fabuloso contrato de por vida para mantener todos los
centros religiosos de La Meca y Medina.
Los hijos de Mohammed —fueron 54— asistieron a la misma escuela que los
herederos de la elite musulmana, el Victoria College de Alejandría. Allí
entablaron amistad con el rey Hussein de Jordania, los hermanos Kashoggi
(relacionados con el tráfico de armas), Zaid Al Rifai y hasta el actor Omar
Sharif.
Cuando murió en 1968, su primogénito el jeque Salem bin Laden, tomó el
control de los negocios. En principio consolidó las empresas de construcción,
pero también hizo inversiones en la fabricación y la distribución de
armamentos y en bancos con sedes en Suiza y ramificaciones en todo Oriente
Medio. Tenía el apoyo total del entonces rey Abdul Aziz y su familia. Y
acrecentó su prestigio con la remodelación de La Meca en 1979.
Salem murió en un extraño accidente al estrellarse su avión BAC 1-11 en Texas
poco después de cerrar unos negocios petroleros en los que tenían intereses
la familia Bush. De acuerdo al piloto estadounidense del avión, Salem había
participado en octubre de 1980 en una reunión secreta entre agentes de la CIA
y emisarios iraníes en París. Allí se habría acordado la liberación de los
rehenes de la embajada estadounidense en Teherán para después de la asunción
de Ronald Reagan, una jugada que hizo perder la reelección a Jimmy Carter.
Nada de todo esto fue probado, pero el fiscal del caso especuló con la
posibilidad de que Salem haya sido eliminado por ser "un testigo
embarazoso".
Con la muerte de Salem, el que tomó el timón de los negocios fue su
primogénito Bakr, acompañado muy de cerca por 13 de sus hermanos. Pero para
entonces el conglomerado era tan grande que ya estaba dividido en "el
grupo sirio", el "grupo libanés", el jordano y el egipcio.
Este último es el más desarrollado con 40.000 empleados. Su último
emprendimiento es una planta de papel de 400 millones de dólares. Los
hermanos que trabajan en el Líbano obtuvieron la mayor parte de los contratos
para reconstruir Beirut. Y varios de los Bin Laden controlan los negocios
globales desde Europa liderados por Yeslam, que está casado con la princesa
iraní Mirdoht-Sheybani de habitual aparición en revistas del corazón
francesas y españolas, y que mantiene oficinas en Ginebra y París.
La "oveja negra" de la familia, bautizado como Osama bin Muhammad
bin Awad bin Laden, se preparó también para los negocios estudiando
ingeniería en la Universidad del Rey Abdul Aziz en Jiddah. Pero cuando se
graduó en 1979 rechazó el control de una constructora local y se fue a luchar
con los mujaidines de Afganistán que resitían a la invasión soviética. En
1988 forma lo que se conoce como la red terrorista "Al Qaeda" —la
aparente responsable de los atentados contra las Torres Gemelas y el
Pentágono— y comenzó a utilizar las empresas familiares como pantalla. Pero
tres años más tarde tuvo que abandonar toda conexión con sus hermanos tras
ser expulsado de Arabia Saudita por apoyar a disidentes al actual rey Fahd.
Después de unos meses de zozobra, el Bin Laden Group recompuso su relación
con la realeza saudita y obtuvo contratos multimillonarios. Mil trescientos
millones para levantar un complejo de viviendas para las fuerzas de seguridad
en Jiddah, otros 1.100 para construir la ciudad militar de Kharaj, cerca de
Riyad, 296 millones para una red de trenes livianos en la misma ciudad y otro
espectacular por casi 4.000 millones de dólares para la expansión de los
sitios sagrados de La Meca.
El Bin Laden Group tienen empresas madres que aparecen en todos los contratos
bajo nombres tales como Ditco, Saud Ben Birdgis, Al Mouraiban o Kara. Tienen
oficinas en todas las capitales de Oriente Medio, desde Dubai hasta Amman, y
un centro operacional en Ginebra con ramificaciones en París y Madrid. El
banco con el que operan es el antiguo Banque Al Saoudi que había sido
rescatado por el Banque de France en 1989 y luego parcialmente vendido al
Banque Indosuez para ser rebautizado como Banque Francaise poru l''Orient. El
FBI cree que a través de esos bancos también se hicieron operaciones para
financiar la red terrorista.
La mayoría de los Bin Laden ya dejaron la costumbre de tener varias mujeres y
decenas de hijos y se los considera "bastante sofisticados y
occidentalizados". Sin embargo, Bakr, el hermano mayor podría tener
entre 10 y 15 hijos. Osama, el hombre por cuya cabeza Estados Unidos pagaría
hasta cinco millones de dólares, tendría tres mujeres y al menos 20 hijos.
Una parte de su familia permanece protegida en Sudán y el resto en Afganistán.
La última vez que se lo vio en público fue en febrero pasado en el pueblo
afgano de Kandahar cuando se casó uno de sus hijos.
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